El 11 de noviembre de 1817, Xavier Mina fue conducido al Cerro del Bellaco, Cuerámaro, Guanajuato, y frente al fuerte de Los Remedios, fue fusilado por la espalda y acusado de traición a la Corona Española.
Mina estaba profundamente consternado por la muerte de su amigo Pedro Moreno y no suplicaría compasión:
– Directo, no me hagáis sufrir, dijo con voz de orden…
Se escucharon entonces los disparos del 1er Batallón de Zaragoza y un lamento:
– Mi país me ha traicionado, sus últimas palabras, en el fondo, su última vista: un intenso cielo azul con la verde montaña, entre llenas nubes blancas.
Así termino la vida de guerrillero indomable; sus restos permanecieron por más de siete años tirados en la Barranca del Tigre, de donde posteriormente fueron sacados para depositarios en una urna en el Ángel de la Independencia.
