Catarina de San Juan nació en el territorio del imperio mongol de la India, hacia 1605. Al nacer, fue llamada Mirra. Después de ocho años y al estar en pleno paseo por la playa, fue tomada prisionera y llevada a Manila, que se ubica en las Islas Filipinas.
Todo esto sucedió porque el marqués de Gálvez, virrey de México, encargó al gobernador de Manila “la compra de esclavas de buen parecer y gracia para el ministerio de su palacio”.
Fragmento tomado del Gobierno Municipal de Puebla:
Su confesor, el jesuita Alonso Ramos, escribió que ella nació en 1602 en Delhi, India, siendo llamada Mirra. Cuando era niña fue secuestrada por piratas y llevada a Filipinas, donde fue bautizada como Catharina de San Juan. Por el comercio producido por la Nao de China, Catharina de San Juan llegó al puerto de Acapulco como esclava, siendo el poblano Miguel de Sosa su dueño.
Su llegada a la Nueva España
Algunos historiadores señalan que, a consecuencia de las invasiones turcas, huyó a las islas portuguesas. Otros mencionan que, en el año de 1620, fue embarcada con rumbo a la Nueva España.
Primero llegó al puerto de Acapulco en la Nao de China, vistiendo un exótico vestido de ricos bordados y lentejuelas. Era la primera vez que una mujer con rasgos orientales se veía en esas latitudes, y debido a eso la empezaron a llamar “china”, sin importar que fuera de origen hindú.
Posteriormente llegó a Puebla como esclava de la familia de Miguel de Sosa, quien la bautizó con el nombre de Catarina de San Juan.
Catarina de San Juan era bellísima, aprendió con sus padres adoptivos a hablar el español, a cocinar y a hacer labores de aguja, pero se negó a aprender a leer y a escribir.
Catarina se hizo muy popular por su belleza y manera muy peculiar de vestir, a la usanza hindú. Cuando salía a la calle siempre llevaba un manto que le cubría la cabeza y parte de la cara y doblándolo de mil formas distintas, como el sari de las mujeres en la India. Desde esta época, Catarina gozó de la piadosa estimación de buena parte de la sociedad poblana y contó con el apoyo de la prestigiada Compañía de Jesús así como con la de otros clérigos.
La casaron con un esclavo de origen chino, Domingo Suárez, con el cual se rehusó a hacer vida marital.
Don Miguel Sosa murió en diciembre de 1624 y en su testamento dio la libertad a Catarina quien se quedó, propiamente, en la calle. La recogió el clérigo Pedro Suárez y vivió en la pobreza haciendo vida ascética y siempre vestida con su indumentaria de saya, manto y toca.
Catrina vivió 82 años y murió el 5 de enero de 1688. La muchedumbre asistió a su entierro, actualmente hay un monumento a la “china poblana” en Puebla. En Puebla de los Ángeles se le rendía veneración como santa, hasta que en 1691 la Santa Inquisición debió prohibir las devociones populares.
En la actualidad, el Templo de la Compañía, en Puebla, que se encuentra ubicado en la avenida Juan de Palafox y Mendoza y la 4 sur en el centro histórico; es conocido como La Tumba de la China Poblana, puesto que en su sacristía reposan los restos mortales de Catarina de San Juan.
Vestimenta de la China Poblana
Pese a los varios años que ya llevaba en tierras aztecas, Catarina de San Juan sentía mucha nostalgia por su patria y fue entonces se decidió a comprar telas de diversos colores y adornarlas con chaquiras, canutillos y lentejuelas a la usanza oriental, creando así una simbiosis entre lo mexicano y lo árabe.
La China Poblana ha sido una de las figuras populares más pintadas, estampadas y fotografiadas desde la época colonial. Su lujoso traje lleva una falda o “zagalejo” de paño, generalmente rojo, recamado de lentejuelas con dibujos geométricos, y en el frente el águila nacional.
Además consta de fajilla de raso de algodón, con su blusa dorada de puntos de cruz, de colores o de hilos preciosos, con su rebozo siempre cruzado sobre el pecho, falda no tan larga y bordada, y una belleza encantadora. Esto era lo que caracterizaba a la “china poblana”.
Los colores verde, blanco y rojo en el traje se comenzaron utilizar después de la Independencia de México, representando justamente a este hecho.
Fuentes: UNAM, Eat and Meet, El Sol de Puebla, Gobierno Municipal de Puebla.