Por los años de 1808 y 1810, surgieron las primeras juntas que conspiraban en contra del virreinato. Entre las más importantes se encuentran la de Valladolid, el líder fue José Mariano Michelena y la de Querétaro, al frente el corregidor Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez.
Ya para el año de 1810 el corregidor de Querétaro, Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz de Domínguez, organizaron en su casa una conspiración que estaba integrada por Miguel Hidalgo y Costilla, Ignacio Allende, Juan Aldama, entre otros.
Buscaban la constitución de una Junta Gubernativa que estuviera integrada por criollos en nombre de Fernando VII. El inicio del movimiento estaba planeado para el mes de octubre de 1810.
El 10 de septiembre de 1810, el capitán Joaquín Arias, implicado en la conspiración de Querétaro, denunció que los conspiradores fueron iniciados por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.
Don Mariano Galván, secretario de la Junta Conspiradora de Querétaro, también denunció la conspiración a don Joaquín Quintana, Administrador de Correos de esa plaza y con quien trabajaba, diciéndole que Allende y Aldama asistían a las juntas y eran sus jefes, y en las mismas se trataba de los medios con que iba a hacer la revolución, que era en principio la seducción del pueblo y la aprehensión de todos los europeos, quitando la vida a los que opusieran resistencia.
Para el 14 de septiembre de 1810, Doña Josefa Ortiz de Domínguez le avisa a Ignacio Pérez que la conjura ha sido descubierta y le pide que vaya a San Miguel el Grande (Guanajuato) para advertir a Ignacio Allende.


