El avance y la cercanía de las fuerzas conservadoras obligaron a Juárez a trasladarse a Guadalajara el 13 de febrero de 1858, por expresa invitación del congreso local, así como el Ejecutivo y la mayoría de la sociedad tapatía, que repudiaron el Plan de Tacubaya.
Jalisco encabezó un proyecto de coalición con los estados de Aguascalientes, Colima, Guanajuato, Guerrero, Michoacán, Querétaro y Zacatecas, para hacer frente a la crisis en la política nacional y apoyar los poderes constitucionalistas, dirigido por el gobernador del Estado, Anastasio Parrodi, quien fue nombrado general en jefe del ejército federal. Este último marchó hacia la capital mexicana con un gran contingente, dejando a Jesús Camarena como interino.
El gobernador Camarena puso a disposición de la comitiva presidencial el Palacio de Gobierno de Jalisco, convirtiéndose así en sede del Poder Ejecutivo Federal; y el Ejecutivo Estatal se trasladó al edificio del Ayuntamiento de Guadalajara.
Menos de un mes les duró la tranquilidad a los huéspedes, hasta que llegó la noticia de la derrota de las fuerzas constitucionalistas acaecida el 10 de marzo cerca de Salamanca.