Julia Pastrana nació en 1834 en Sinaloa y murió en 1860 en Moscú. Fue exhibida como atracción en espectáculos de México, Estados Unidos y Europa, incluso después de muerta, con su cuerpo momificado junto al de su bebé.
La sinaloense, que por la doble enfermedad que tuvo, hipertricosis lanuguinosa con hiperplasia gingival, fue considerada “La mujer más fea del mundo” y llamada “La Mujer Mono” y “El híbrido maravilloso”.
Más de su historia
Julia Pastrana nació en el pueblo de Ocoroni, perteneciente al municipio de Sinaloa de Leyva. Nada se sabe de sus padres ni hermanos. Medía 1.37 centímetros y la mayor parte de su cuerpo tenía un espeso pelaje negro, barba y bigote. Por su hipertrofia gingival, tenía doble fila de dientes, mandíbula prominente, que le daba una apariencia de mono.
En su ensayo Julia Pastrana (1834-1860), el historiador Ricardo Mimiaga escribe que los pobladores más viejos recuerdan que sus ancestros hablaban de una niña de fisonomía especial, cuya madre la mantenía lejos de las miradas curiosas de sus vecinos.
“De lo poco que se conoce acerca de su infancia, se sabe que a la muerte de su progenitora, un tío se hizo cargo de ella y en esos afanes por hacerse de un dinero fácil, la vendió a un pequeño circo trashumante, de esos que muy ocasionalmente arriban a esos pueblos apartados”, apunta Mimiaga.
Según las memorias de Irineo Paz, abuelo del Premio Nobel Octavio Paz, Julia vivió en la casa del ex Gobernador de Sinaloa, Pedro Sánchez, como empleada doméstica, y fue ahí donde probablemente aprendió a leer y a escribir.
Otra versión
Nació con hipertricosis terminal generalizada, enfermedad rara que afecta a una de cada millón de personas en el mundo. Por ello, fue separada de su tribu y enviada a la casa del entonces gobernador de la entidad, donde fue maltratada.
Intentó regresar a su lugar de origen, pero en el camino conoció a un estadounidense de apellido Rates, quien la convenció de dedicarse a los escenarios.
Julia poseía una buena voz para el canto y hasta debutó en Broadway en 1854; sin embargo, el público acudía principalmente para ver su rostro y cuerpo cubiertos de vello, su mandíbula prominente y su nariz ancha y chata.
La ambición
Pero la condición de Julia despertó la ambición de Francisco Sepúlveda, quien entonces era administrador de la Aduana Marítima de Mazatlán, y la compró a Sánchez, con la idea de exhibirla en Estados Unidos. Una vez en Nueva York, tuvo que contratar los servicios de un intérprete, Theodore Lent, quien le robó la idea, y fue más allá: la cortejó y se casó con ella, en 1854.
Lent era un empresario artístico y la hizo entrar en el mundo del entretenimiento como fenómeno de circo.
Fue él quien creó un espectáculo que llamó “La Mujer más fea del Mundo” y la exhibió por todo Estados Unidos, bailando y cantando en español, francés, inglés y cahíta, su lengua natal.
Julia era una mujer culta, que leía, tenía voz de mezzosoprano y practicó la equitación.
Luego de un largo periodo de presentaciones en Estados Unidos y Canadá, viajó a Europa y el espectáculo lo presentaron en Londres, Viena, Polonia y Alemania. Charles Darwin la fue a ver y la describió como una mujer sumamente inteligente, brillante y que en las pasarelas tenía una actitud de princesa.
La maternidad
En 1859, Julia se embarazó, pero continuaron sus presentaciones hasta el día en que dio a luz. Y Lent sacó provecho de todo, vendió entradas para el parto que se produjo en 1860, en Moscú.
Darwin también fue testigo de este acontecimiento y la escuchó decir que no deseaba que su bebé se pareciera a ella sino a su padre, y cuando lo vio sintió lástima, pues heredó su condición genética. Al final, el niño murió a las 35 horas de haber nacido y ella le siguió a los cinco días.
Como consecuencia del parto, ella murió cinco días después a causa de fiebre puerperal, el 25 de marzo de 1860 en Moscú, Rusia.
Mimiaga escribe que Lent vendió boletos para que la gente asistiera a verla en sus días de agonía.
Luego contactó a un médico para momificar los cuerpos, aunque después se supo que emplearon la técnica de la taxidermia, que se usa para disecar animales. Le puso un vestido de bailarina que ella misma había confeccionado, le colocó a su hijo en los pies y los metió en una vitrina para ser exhibidos.
Peregrinaje
Sin nada de escrúpulos, Lent continuó exhibiendo el cuerpo de su esposa e hijo y cuando estaba en Suecia, en 1864, escuchó que un museo presentaba a una mujer barbuda llamada Zenora.
La buscó y se casó con ella, para presentarla como la hermana secreta de Julia.
Y cuando el matrimonio hizo mucho dinero, se retiró en 1880 a San Petesburgo, compraron un museo de cera y cuatro años después, Lent perdió la razón. Su viuda reclamó las momias como herencia y las vendió.
Los cuerpos fueron cambiando de dueños, permanecieron en Oslo, Noruega, hasta la Segunda Guerra Mundial, y en 1943 los nazis se interesaron en los cuerpos de Julia y su hijo y los confiscaron.
Estuvieron en una bodega de Linkönping, durante 10 años, y al año siguiente los trasladaron a Oslo, se exhibieron en Noruega, se los llevaron a Estados Unidos, regresaron a Oslo y en 1976, unos ladrones forzaron la puerta, hicieron destrozos en el cuerpo y robaron al niño.
Y aunque en 1979, la bodega fue de nuevo saqueada y el cuerpo robado, apareció abandonada en el sótano del Instituto Forense de Medicina de Rikshospitalet de Oslo.
Así estuvo los años siguientes, hasta que la artista Laura Anderson Barbata, buscó apoyo diplomático con la Embajada y el Gobierno de Sinaloa, para que sus restos fueran regresados a su tierra natal y recibiera un entierro digno.
Repatriación
El cadáver de Julia permaneció expuesto en Rusia hasta 1970. Posteriormente fue llevado al Instituto de Investigaciones Médicas de la Universidad de Oslo, donde permaneció hasta su repatriación a México en 2013.
El 7 de febrero de ese año, la Universidad de Oslo entregó los restos de Pastrana al Gobierno mexicano y el 12 de febrero fue sepultada en Leyva, Sinaloa, donde había nacido en 1834, en un ataúd blanco, a prueba de actos de vandalismos.
Julia Pastrana inspiró la película italiana “La donna Scimia” (1963), producida por Carlo Ponti, dirigida por Marco Ferreri, e interpretada por Ugo Tognazzi y Annie Girardot. La cinta fue presentada en el Festival de cine de Cannes, en Francia.
Fuentes; Noroeste, El Universal, SinEmbargo. Gráficos: El Clarín.