Leandro Valle

Leandro Valle nació el 27 de febrero de 1833 en Xalapa, Veracruz, en una familia de origen mestizo.

Fue hijo del general Rómulo Valle y de doña Ignacia Martínez. Él era un veterano de la revolución de independencia que desde 1811 militó bajo las órdenes del general Juan Álvarez y años después compartió con él los ideales del partido liberal; ella, una devotísima católica que no rechazó los principios liberales, primero de su esposo y después de su hijo…

Desde joven, mostró un interés innato por la política y las cuestiones sociales que aquejaban a México en aquel convulso periodo.

La carrera de Leandro Valle está intrínsecamente ligada a su participación en la Guerra de Reforma y la defensa de los principios liberales.

En 1844, con solo once años de edad, Leandro ingresó al Colegio Militar, donde pronto se distinguió como uno de los primeros de su clase. A finales de 1846 ya era sargento segundo y había tomado clases de táctica de infantería y de caballería, además de cursos de matemáticas donde también sobresalió. Al igual que a otros cadetes, la guerra de invasión estadounidense lo sorprendió en ese año.

Se unió al ejército liberal bajo el mando de Ignacio Comonfort, donde su habilidad táctica y su compromiso con la causa lo llevaron a ascender rápidamente.

Para enero de 1847, Valentín Gómez Farías, entonces mandatario del país, solicitó que el joven sargento fuera ascendido a subteniente. Para el 27 de febrero siguiente enfrentaba decididamente a los sublevados que se pronunciaron en la iglesia de la Profesa, en la Ciudad de México, para frenar las reformas impuestas por Gómez Farías y que pasarían a la historia con el mote de polkos, en lo que muy probablemente fue el bautizo de fuego de su brillante carrera militar. Nada más se sabe de su participación en la guerra contra los estadounidenses, salvo que se unió a las tropas del general Juan Álvarez, antiguo jefe de su padre y de Antonio Banuet, con quien participó en la defensa de la Ciudad de México cuando el desastre nacional era inminente.

El meteórico despunte

En los años que siguieron a la guerra contra la invasión, Valle alternó sus estudios en el Colegio Militar con un incipiente afecto a la poesía y las letras. En marzo de 1853, antes de concluir formalmente sus estudios, obtuvo el grado de teniente de ingenieros y el cargo de segundo ayudante del Batallón de Zapadores, incorporándose definitivamente a la milicia.

Para junio de ese mismo año había ascendido a capitán segundo y se integró a la Compañía de Ingenieros de la Guardia del general Antonio López de Santa Anna, aunque para 1854 renunció al enterarse que su padre había sido apresado por las autoridades santannistas por expresar exaltadamente sus ideas liberales en un acto público en la ciudad de Puebla. Así, el ingreso de Valle a las filas de la Revolución de Ayutla de este año, encabezada por don Juan Álvarez en contra de la dictadura de Santa Anna, se antojaba como un paso natural en su carrera, así que el joven militar se unió a la revuelta siguiendo los pasos de su padre.

Al triunfo de la Revolución de Ayutla en 1855, fue nombrado por el presidente Ignacio Comonfort agregado militar de la legación de México en París con la idea de que concluyera sus estudios, pero la escasez de recursos, tanto propios como del erario, le impidieron ingresar al colegio, por lo que regresó a México a finales de 1857. En seguida recibió de manos del propio presidente su ascenso a capitán primero de la Primera Compañía del Batallón de Zapadores y poco después estalló la Guerra de Reforma en la que Leandro Valle desempeñaría un destacado papel.

Durante la Batalla de Puebla en 1857, la capacidad de liderazgo que poseía Leandro Valle hizo que se destacara. Su valentía le valió el rango de general.

Leandro Valle no solo destacó en el campo de batalla, sino que también contribuyó significativamente a la redacción de las Leyes de Reforma de 1859.

Estas leyes, que buscaban la separación de la Iglesia y el Estado, la secularización de bienes eclesiásticos y la creación de un sistema de educación laica, fueron fundamentales para la construcción de un México moderno y democrático.

Leandro Valle, con su conocimiento jurídico y su compromiso con la justicia, desempeñó un papel esencial en la elaboración de estas reformas.

Muerte

El 23 de junio de 1861, Leandro Valle fue hecho prisionero por Lindoro Cajiga y Jiménez Mendizábal. Leonardo Márquez ordenó que ese mismo día fuera pasado por las armas por Manuel Beltrán y Puga.

Se dispuso que se dieran treinta minutos para el preparativo del fusilamiento.

Pese a las súplicas por su vida, fue fusilado por sus convicciones liberales y su liderazgo inspirador. Su sacrificio no fue en vano, ya que su legado perdura como un faro de la lucha por la justicia y la libertad en México.

Antes de morir, Leandro Valle escribe una carta a su familia: “Papá y madre queridos, hermanos todos: Voy a morir porque ésta es la suerte de la guerra y no se hace conmigo más que lo que yo hubiera hecho en igual caso, por manera que, nada de odios, pues no es sino en justa revancha. He cumplido siempre con mi deber; hermanos chicos, cumplan ustedes y que nuestro nombre sea honrado, como el que yo he sabido conservar hasta ahora.”

Se le fusila como un traidor: “Y ordenó Márquez cuando los soldados estaban ya preparados para disparar: ¡Por las espaldas! –Yo no soy un traidor, seguí siempre una bandera-. Un ayudante dijo a Márquez: -Señor General, dice que es usted un traidor. -¡Por las espaldas!- repitió Márquez inflexible. Y sonó una descarga cerrada”. Luego, al igual que Ocampo, es colgado de un árbol en las Maromas, a los pies le ponen un letrero: “Jefe del Comité de Salud Pública”.

Considerado por Márquez como traidor a la patria, Leandro Valle fue fusilado por la espalda; acto seguido, se le puso en “un paraje público para escarmiento de los traidores”.

Al conocer tan funesta noticia, el general Felipe Berriozábal encomendó al coronel O´Horán buscar el cadáver, el cual en efecto, fue encontrado pendiente de un árbol.

El 28 de junio, sus restos se trasladaron a la Ciudad de México y fueron expuestos en el salón de sesiones del Ayuntamiento.

El Monitor del día 29 presentó en un artículo el siguiente cuadro, semejante a las imágenes de una película de horror:

El cuerpo está horriblemente desfigurado. Fue fusilado por detrás, y se conoce que se hizo fuego a quemarropa, pues tiene enteramente chamuscado el pelo de la nuca. Dos balas le rompieron completamente los parietales y el frontal, vaciándoles los sesos y abriendo toda la parte superior de la cabeza. La frente quedó con una forma irregular. Otra bala, penetrando por la nuca salió por la quijada inferior, rompiendo todos los dientes.

En el pecho tiene tres balazos que penetraron por la espalda. Los facultativos que recibieron ayer el cadáver, le extrajeron una bala de fusil. Tiene los brazos levantados; y se conoce que el cuerpo, tibio aún, fue colgado de un árbol.

Cuando llegó el cadáver, venía con calzones, en mangas de camisa, y sin zapatos; traía una chaqueta de paño, hecha pedazos; toda la camisa está empapada en sangre. El rostro del cadáver, aunque desfigurado y hecho pedazos, conserva aún la sonrisa con que el héroe murió. Esta circunstancia ha llamado la atención de todos.

El mismo día en que se publicó la nota anterior, se le dio sepultura con honores militares en el Panteón de San Fernando. Hoy día, sus restos se encuentran en la Rotonda de las Personas Ilustres.

Fuentes: México Desconocido, Memoria Política. Leandro Valle. 1833-1861. Autora: Doralicia Carmona Dávila. INHERM, Relatos e Historias. Leandro Valle, el general más joven en la Guerra de Reforma. Por Luis A. Salmerón.

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