Los hospitales en el Real de Minas de Guanajuato

Don Vasco de Quiroga, en el largo lapso de tiempo que duró como Obispo de Michoacán, hizo varias visitas a su extenso obispado, sobre todo hacia la región de la planicie abajeña y sus sierras, creando varios templos, parroquias y hospitales; pero sobretodo reduciendo a pueblos a los errantes chichimecas; propiciando con tal que se mestizaran con los otros pueblos y adquirieran sus costumbres.

La labor del obispo Quiroga unida a la de los franciscanos, agustinos y luego los jesuitas, por medio de la evangelización, aculturización y diplomacia, lograron que para fines del siglo XVI se pacificaran los chichimecas que sobraban en la zona.

Las exigencias de la minería hicieron que sobre todo en el Bajío el giro cambiase, y de estancias ganaderas, éstas se convirtiesen en mucho en agrícolas, para satisfacer las necesidades vitales de los operarios y animales que rápidamente aumentaban.

Luego se sucedieron nuevos y continuados encuentros que pronto necesitaron de obreros, los que como ya señalamos, fueron traídos de varias partes fuera del territorio circundante, por medio de tandas periódicas, las que fueron aumentando a medida que más minas y haciendas de beneficio se trabajaban.

Se suscitó la necesidad de contar con lugares donde habitasen tanto los tanderos como los indios que decidían después de terminar su período de trabajo obligado, de quedarse aquí; y como en el Obispado de Michoacán se estaba llevando a efecto lo dispuesto por su dilecto obispo Quiroga de que en todo centro de población de sus diócesis hubiese hospitales para indígenas en Guanajuato y sus contornos se hicieron algunos para albergar a los indios traídos forzados para trabajar en la minería. 

Esta magna obra quiroguiana, cuyo primer ejemplo fue la creación del mismo Prelado del Hospital de Santa Marta en Pátzcuaro, estarán todos bajo la advocación de la “Purísima Concepción de Nuestra Señora la Virgen María” y gobernados por las ordenanzas dictadas por el mismo jerarca de la Iglesia; los que se edificarían cerca del templo del lugar, en el que se recibiesen los enfermos, huérfanos, desvalidos, caminantes y trabajadores temporales; donde habría capilla para la catequesis de los refugiados y oficios religiosos, donde estaría fundada una cofradía de Nuestra Señora de la limpia Concepción; la capilla era circundada por un cementerio para el servicio mortuorio de los indígenas; además de estos hospitales de la Concepción debía haber enfermería donde se atendería a los que tuviesen su salud quebrantada, aplicándoles tanto la medicina europea como la americana.

El quehacer de enfermeros era desempeñado por indios locales que se cambiaban por turnos semanales, y los que además se encargaban de la limpieza del lugar y la ropa, y de la preparación de alimentos.

Como en las minas de Guanajuato los indios que traían y los que se quedaban pertenecían a diversas culturas y pueblos, se crearon varios hospitales sucesivamente; siendo el primero en 1554 el de los indios tarascos que laboraban en las minas del Real de Santa Ana, cercano a Guanajuato; luego siguieron los del casco de esta ciudad: en 1555 el de los otomíes, en 1556 la Señora Doña María Aguirre donó un terreno a los indios mexicas donde desde luego fincaron su hospital y que dice la tradición fue el primer recinto  que tuvo a partir de 1557 la imagen de la Virgen del Rosario, ahora de Guanajuato; en 1560 construyeron el suyo los tarascos a donde se pasó en 1562 la escultura de la Virgen dicha y donde permaneció hasta 1696; y dicen de los mazahuas; en el cercano Real de Marfil se crearon dos, uno para los tarascos, advocado como los demás, a la Purísima Concepción y el otro, para los indios mexicanos y otomíes, “cuya vocación es los Reyes”. Quedando todos los hospitales mencionados bajo la dirección religiosa del clero secular.

En el siglo XVI se fundaron en toda la Nueva España 111 hospitales, de los cuales 92 estaban en la diócesis de Vasco de Quiroga.

Ramón López Lara sostiene que en el mismo siglo dieron 128 hospitales en la Nueva España, de los que 92 estaban en el obispado de Michoacán, siendo de estos 88 de la especialidad de la Concepción, como fueron los de Guanajuato; y para el año de 1630 tan solo en el obispado mencionado había 264 hospitales, de los que 144 administraban seculares, 75 franciscanos y 45 agustinos

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