Mariano Riva Palacio

Mariano Riva Palacio Díaz nació el 4 de noviembre de 1803 y falleció el 20 de febrero de 1880. Fue un político y abogado mexicano, recordado por ser una autoridad que nunca se dejó corromper y que se dedicó a impulsar la creación de obras públicas.

Originario de la ciudad de México. Sus padres fueron doña María Dolores Díaz y don Esteban de la Riva Palacio. Obtuvo el título de abogado después de estudiar en el Seminario Conciliar de México.

Ingresó a la vida política en 1829 como regidor del Ayuntamiento de México, Ciudad de la que un año después fue alcalde. De 1833 a 1834 fue diputado federal, distinguiéndose como liberal moderado y hombre honesto. Durante este álgido periodo parlamentario, en el que se emitieron y cancelaron las reformas liberales, alcanzó prestigio y respeto como intermediario político entre las diferentes facciones políticas.

Riva Palacio gozaba de autoridad y de reputación cuando fue invitado por el presidente José Joaquín de Herrera a ocupar la Secretaría de Hacienda como Encargado del Despacho. Tarea llena de dificultades dado el estado de quiebra y endeudamiento del país, sumado al desorden administrativo y al ambiente de fragilidad política que antecedió a la invasión norteamericana. Poco pudo hacer en tan solo quince días que permaneció al frente de la Secretaría, pues le fue encargada la Secretaría de Justicia. Después de seis meses, retomó la dirección de la Hacienda Pública, esta vez como titular del cargo, durante los difíciles meses en que las tropas norteamericanas avanzaban hacia la ciudad de México.

Durante los meses de la ocupación de la capital, Riva Palacio se refugió en su hacienda de Chalco. Además de atender aspectos militares y de abastecimiento a la capital del país, dedicó parte de su tiempo a describir el desarrollo de esos acontecimientos.

En 1831 se casó con Dolores Guerrero, la única hija del mítico personaje Vicente Guerrero. Asimismo, el matrimonio procreó seis hijos. Entre ellos estuvo el muy reconocido escritor y político Vicente Riva Palacio

No obstante la fractura y desaliento que dejó la guerra y que se manifestó en un sentimiento generalizado de “crisis nacional”, Riva Palacio retomó la cartera de Hacienda por dos meses. Presentó un plan hacendario con el propósito de atender el endeudamiento que sumaba ciento cuarenta millones de pesos, además del excesivo gasto que triplicaba el monto de los ingresos federales.

En la Exposición, dirigida al Congreso en 1848, explica el por qué los quince millones de pesos de la indemnización norteamericana debían destinarse a aliviar la situación del Erario. Así mismo, argumenta que los graves problemas de la Hacienda no sólo eran producto de la guerra, sino también de la imperante “anarquía social” que, además de favorecer el contrabando, desalentaba el consumo interno. Hace igualmente, referencia al uso excesivo del crédito y el incumplimiento en los pagos de la deuda que se venía arrastrando por décadas, lo que afectaba, tanto a los acreedores como a los cosecheros del tabaco cuyas ganancias habían sido utilizadas por los gobiernos, provocando la quiebra del ramo.

Ante esos problemas, creó una Comisión Revisora para tratar asuntos de los sueldos atrasados a empleados y funcionarios, el incumplimiento de los compromisos con pensionados y jubilados, además de otros gastos (gratificaciones, viáticos y dietas de legisladores) que habían incrementado la deuda. En el escrito refiere la necesidad de abolir las medidas proteccionistas y permitir la libre entrada de algodón requerido por la manufactura textil para evitar el contrabando por la frontera norte. Opina, además, que no es el momento para sustituir las contribuciones indirectas por otras nuevas y defiende la idea de destinar la cantidad restante de la indemnización norteamericana a nivelar los compromisos pendientes, para lo que se requiere que el Legislativo otorgue facultades extraordinarias al gobierno para asignar partidas especiales a cada ramo de la administración y al crédito público. Considera atender los gastos de la defensa nacional, vía egresos extraordinarios, como los que requería la protección de la frontera norte y la guerra de castas en Yucatán.

No tuvo éxito en sus propuestas en relación con los recursos de la indemnización norteamericana debido a la especulación que se había desatado, tanto interna como externamente. Regresó a la Secretaría de Justicia y Negocios Eclesiásticos por un breve tiempo.

Gobernador del Estado de México

Ocupó enseguida la gubernatura del Estado de México, donde sobresalió por las reformas fiscales (contribuciones directas), por las obras de infraestructura y beneficencia, y por la construcción de edificios públicos realizados durante los tres periodos en que fue electo para ese cargo (1849, 1857 y 1869). 3 Al término de su última etapa como Gobernador (1871) fue declarado “Benemérito del Estado de México”.

Los periodos como gobernador los alternó con su desempeño legislativo. En 1854, al triunfo del Plan de Ayutla, participó en el debate constitucional de 1856 como presidente de la Comisión de Gobernación. Rechazó la invitación de Maximiliano para ocupar la cartera en Gobernación; sin embargo, junto con el licenciado Rafael Martínez de la Torre, lo defendió de la orden de fusilamiento, argumentando que tal gesto humanitario aumentaría el prestigio del gobierno mexicano en el extranjero.

Al restablecimiento del régimen republicano fue electo diputado, a la par que Presidente del Ayuntamiento de la ciudad de México. Con este cargo realizó obras de infraestructura (agua, electrificación) y de beneficencia (hospitales), además de la construcción de cárceles, mercados y panteones.

Hombre cercano al Presidente Sebastián Lerdo de Tejada, participó en su gobierno como Director del Monte de Piedad, donde autorizó la circulación de los certificados de la institución como billetes.

Falleció en la ciudad de México en 1880.

Fuentes: Gobierno de México, México Desconocido.

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