Por la madrugada del 24 de junio de 1817, llegan al Fuerte del Sombrero, Mina, su Estado Mayor y una legión de extranjeros. El grupo fue recibido con las más cordiales muestras de regocijo.
La fuerza de Mina ascendÃa a doscientos sesenta y nueve hombres, entre ellos veinticinco heridos.
Atrás habÃan quedado treinta dÃas de marcha: luego de recorrer doscientas veinte leguas por un paÃs ocupado por los realistas, casi siempre a la vista de éstos, en medio de las mayores privaciones, pues se habÃa pasado dos y tres dÃas sin raciones, y en una sola vez que se hizo más de una comida, ésta fue de carne de vaca, sin pan.
Y en medio de tantas fatigas y escaseces, ganaron dos acciones reñidas, una de ellas contra una fuerza ocho veces mayor que la suya, y tomando un lugar fortificado: trabajos todos que la tropa sufrió con alegrÃa, viendo que su jefe era el primero en tomar parte en ellos, poniéndose a su cabeza a la hora del peligro y animándola con sus palabras y ejemplo.
Toda esta serie de sucesos habÃa hecho subir la reputación de Mina al más alto punto, y sus soldados eran mirados como una casta de hombres extraordinaria.
Un oficial de la división pasó al Fuerte del Sombrero, cuyo jefe, D. Pedro Moreno, mandó a Mina felicitaciones por su llegada. Le instó también para que se trasladase al fuerte y trasmitió la noticia a Junta insurgente, reunida en Jaujilla, que a su vez difundió por todas partes la nueva del suceso.
La llegada de Mina le dio ánimos a la resistencia
Xavier Mina derrotó al comandante general de Guanajuato, quien no dispuso entonces sino de 200 hombres de la división y 130 de Moreno, más, un aparente refuerzo de 400 soldados de infanterÃa, casi sin fusiles, logrando asà tan magnifica victoria. Su triunfo fue de tal magnitud, que, a cambio sólo de ocho muertos y nueve heridos suyos, quedaron 339 muertos y 220 prisioneros de los 700 realistas que habÃan venido al ataque.
Esto permitió a Mina volver al fuerte del Sombrero con dos piezas de artillerÃa, 500 fusiles y gran acopio de municiones, todo quitado a los realistas. En Jaujilla, aquel hecho de armas se celebró con Te Deum, salvas, música, iluminación y fuegos artificiales.


