Ruta de la Independencia en Guanajuato

¡Los inicios del movimiento de Independencia Nacional en San Miguel El Grande y la Ruta Insurgente!

Juntas revolucionarias en Valladolid, desde 1809

Desde el mes de septiembre de 1809, Don Ignacio Allende y Unzaga, estaba en constantes relaciones con don José María Michelena, él era quien organizaba las juntas revolucionarias en Valladolid, hoy Morelia.

Meses más tarde, el 25 de mayo de 1810, Ignacio Allende envía una carta a Don José Miguel Yáñez, que se copió íntegra, por ser quizá la única autógrafa que de su clase exista. (Aunque en un solo párrafo hable de la Independencia, el todo de ella da también alguna idea de su carácter. Dice así:

“Sr. Don José Miguel Yáñez, San Miguel, 25 de mayo de 1810.__Muy señor mío y amigo de toda mi estimación: Habíame detenido en dar contestación a su carta 3 del corriente, creído que lo verificaría en lo verbal, pues si no se hubiera atravesado el ajuste cuatrimestre, seguramente habría marchado para esa: más temiendo por supuesto, que la familia de esa casa vendrá breve, diré a usted mi dictamen, ya que tuvo la bondad de pedírmelo.

Estoy persuadido de que en la variación acerca del título o empleo, he de tener alguna parte, y por eso, tratando ya de separar a mi tocayo del oropel del mundo, por ejemplo, a usted, diciendo: Don Miguel Yáñez le es a usted útil, en el giro de su casa, y el mismo no lo será si afuera usted su persona con un empleo que lo distraiga. Esto tengo presente y por tanto puede depender aquella variación de principios inocentes, y por consecuencia, debe manejarse el asunto, con toda la prudencia de mi amigo Don Miguel Yáñez. He manifestado mi sentir, sujetándolo a cualquiera otro que será más acertado.

“Con fecha del 12 del que rige me comunica Don Ignacio Villaseñor su grave cuidado, lo que como debo he sentido y más cuando temo que su amante familia, anegada en tal tumulto de pesadumbres, caiga en los males que son consiguientes.

“No ha sido corto el apetito que usted me da con el anuncio de la vinculación de Iturrigarai, más de esta materia trataremos a nuestra vista, ya que no lo quiere usted fiar al papel.

“A beneficio de la naturaleza que me repuse perfectamente, y creo que los pujos me vinieron grandemente, pues esa purga me tiene limpio y fuerte, que me siento capaz de tomar el sable, poner la patria en libertad, sacudir el yugo…y conservar esta preciosa América, a sus legítimos señores… ¡Ojalá y tuviera quinientos hombres del entusiasmo y brío del amigo Don Miguel! Pero si mi desgracia no me franquea, ¡Seré yo solo, ya que mis paisanos hacen del sordo!”

Ignacio Allende y Unzaga.

Acciones antes del 15 de septiembre de 1810

 Recorrido de Allende y Juan Aldama

 En julio de 1810, Ignacio Allende y Unzaga y don Juan Aldama, salieron de San Miguel el Grande a hacer una visita a sus aliados, principiando por el Marqués de Jaral en su hacienda, en seguida por Salvatierra, Celaya y Querétaro.

 El 31 de Agosto, carta de Allende a Hidalgo, escrita desde San Miguel el Grande

 En una carta de Ignacio Allende a Miguel Hidalgo, escrita desde San Miguel el Grande, el 31 de agosto de 1810, le dice:

 “Se resolvió obrar encubriendo cuidadosamente nuestras miras, pues si el movimiento era francamente revolucionario no sería secundado por la masa general del pueblo”.

 El 9 de Septiembre, se genera carta anónima en San Miguel el Grande: da mucha luz sobre la anticipación de Allende en la Independencia

 Una carta anónima fechada en San Miguel el 9 de septiembre de 1810, puede dar mucha luz sobre todo esto. Dice así:

 “Prometí estar a la mira de lo que ocurriere y dar aviso si fuere necesario. Los capitanes de este Regimiento de Dragones de la reina, don Ignacio Allende y don Juan de Aldama, se les ha observado salir fuera de la Villa, ya al pueblo de Dolores y también a Querétaro, y de estas resultas algunas personas hablan de ellos, en particular del primero. Este hallándose acantonado en San Juan de los Llanos cuando vino la noticia de la prisión de Fernando VII puso en el cuarto de su prevención un letrero que decía: “Independencia cobardes criollos”. Esto lo declara del mismo regimiento don Alejandro Santelices” (Parte de la carta)

Allende, el principal impulsor del inicio de la Independencia

Esa carta, sin duda verídica, cita a personas que hubieran podido desmentirla en caso de falsedad, y viene a comprobar que fue Allende el primero, único y verdadero promotor de la revolución de Independencia, toda vez que ya el 9 de septiembre, es decir seis días antes del grito de Dolores, se sospechaba de él y de Aldama, más no de Hidalgo.

10 de Septiembre de 1810, el capitán Luis Arias, denuncia a los conspiradores

El capitán Luis Arias, implicado en la conspiración de Querétaro, denuncia a los conspiradores de Querétaro, San Miguel el Grande y Dolores, que fueron iniciados por Miguel Hidalgo e Ignacio Allende. De momento no se le hacen caso por las reiteradas denuncias que sobre el particular se dan, resultaban normales y sin importancia.

Mariano Galván denuncia la conspiración a don Joaquín Quintana

Don Mariano Galván, secretario de la Junta Conspiradora de Querétaro, hizo denuncia de la conspiración a don Joaquín Quintana, Administrador de Correos de esa plaza con el cual trabajaba, diciéndole que Allende y Aldama asistían a las juntas y eran sus jefes, y en las mismas se trataba de los medios con que iba a ser la revolución, que era en principio la seducción del pueblo y la aprehensión de todos los europeos, quitando la vida a los que opusieran resistencia.

El 13 de septiembre de 1810, informan al intendente Riaño sobre el movimiento de Independencia

Juan Garrido hace una denuncia de la conjura de Querétaro. En Guanajuato, Francisco Bustamante denuncia ante el intendente Juan Antonio Riaño, la conjura que implica a Miguel Hidalgo, a Ignacio Allende y a Juan Aldama. Riaño comentó proféticamente: “…

¡Malo!, si Hidalgo está en esto. Nueva España es independiente”.

El 14 de septiembre, Josefa Ortiz avisa a Allende que la conjura ha sido descubierta

Doña Josefa Ortiz de Domínguez, le avisa a Ignacio Pérez que la conjura ha sido descubierta y le pide que vaya a San Miguel el Grande para advertir a Ignacio Allende.

 Juan Antonio Riaño ordena aprehendan a Allende y Aldama

El intendente Juan Antonio Riaño ordena la aprehensión de Ignacio Allende y Juan Aldama, en San Miguel, y la de Miguel Hidalgo y José Mariano Abasolo, en Dolores.

Ignacio Allende se entera de la orden de aprehensión en su contra

Ignacio Allende conferenció con Juan Aldama y demás oficiales del Regimiento partidarios, quienes le informaron que acababan de recibir noticias que el día 13, Juan Garrido, había delatado la conspiración y que se había enviado al subdelegado en San Miguel orden de aprehensión en su contra y de don Juan Aldama, por lo cual acordaron que este último permaneciera en San Miguel, y que Allende saliera a interceptar la orden de aprehensión que venía de Guanajuato, logrando su objetivo en las afueras de la Villa, y a toda prisa siguió a Dolores.

Llega Ignacio Allende a Dolores el 14 de septiembre por la noche

En la noche llega el general don Ignacio Allende y Unzaga sigilosamente a Dolores, precedentes de San Miguel el Grande. Había salido a caballo de San Miguel el Grande, para informar al cura don Miguel Hidalgo que Juan o Ignacio Garrido había denunciado la conspiración. Permanecieron juntos al siguiente día, sin tomar ninguna decisión.

Inicio de la lucha libertaria:

15 Septiembre de 1810. Buscan a Allende para informarle que la conspiración había sido descubierta

El audaz Ignacio Pérez, emisario de doña Josefa Ortiz de Domínguez, llega a San Miguel el Grande en la madrugada del 15 de septiembre a todo galope, procedente de Querétaro, para comunicar a Ignacio Allende que la conspiración había sido descubierta, sin lograr encontrarlo. Juan Aldama informó a Pérez que Allende se encontraba en Dolores.

El Grito de Independencia:

“A coger gachupines”, exclamó Hidalgo

 Eran entre las doce de la noche del 15 y, las dos de la madrugada de un 16 de septiembre de 1810… en el interior de la casa parroquial había luces y bullicio. El cura se encontraba con el militar Ignacio Allende y varios hombres: Juan Aldama había llegado desde San Miguel El Grande para dar la noticia de que la conspiración para levantarse en armas semanas después en San Juan de los Lagos, estaba descubierta.

 Deciden alzarse en armas

 Ignacio Allende comentó que no había tiempo para informarles a las juntas conspiradoras de Querétaro y Guanajuato de los sucesos, por lo cual era conveniente llamar en el acto a los conjurados de Dolores; que él “antes perezco que rendirse”, agregando las siguientes palabras:

 “Pues bien, Sr. Cura, echémosle el lazo, seguros de que ningún poder humano podrá ya quitárselos”.

 Entonces Hidalgo exclamó decidido:

 “Caballeros, lo he pensado bien, y veo que en efecto no nos queda otro recurso que ir a coger gachupines”.

 Se inicia el movimiento libertario el 16 de septiembre

 Eran las cinco de la mañana y, más temprano que de costumbre el cura ordenó al campanero parroquial, el cojo Lázaro Galván, que llamara a misa. El vecindario comenzó a llegar, algunos portando antorchas encendidas con brea. Otros llegaron a misa como cualquier domingo para también hacer sus compras en la plaza de Dolores. En ese momento ya estaban con Hidalgo como seiscientos hombres, muchos con todo y familia. Con este apoyo el cura echó a andar su plan: mandó traer más hondas que se elaboraron en el Llanito; de la Hacienda de Santa Bárbara. José Gabriel Gutiérrez trajo lanzas que allí se fabricaron así como armas de fuego que se acopiaron; tercios de acero, caballos y monturas resguardadas.

 El Sr. Cura don Miguel Hidalgo y Costilla, parado en el umbral de la puerta central del templo, habló frente a la multitud, explicándole los propósitos fundamentales para obtener la Independencia, nuestra emancipación política. Se había iniciado tan trascendental movimiento libertario.

 Salen los primeros insurgentes

 Momentos después de la arenga por la Independencia, Hidalgo contaba con más de seiscientos hombres, armados de fusiles, lanzas, espadas, instrumentos de labranza, palos, piedras, hondas, flechas.

 Con formación militar, Allende se encargó de organizar a la gente reclutada, integrando pelotones, nombrando jefes entre los más poco sobresalientes y entre los voluntarios.

 Salen Hidalgo, Allende y Aldama de Dolores

 Eran las once de la mañana cuando salieron de Dolores, el cura Hidalgo, acompañado de Ignacio Allende y Juan Aldama, como principales jefes del pequeño Ejército Insurgente consistente de una campaña del Regimiento de la Reina y 700 hombres, entre de a pie y montados se detuvieron en la Hacienda de la Erre, donde fueron recibidos magníficamente por su propietario, don Luis Malo.

 Después de haber cooperado con instrumentos de labranza, el citado Sr. Malo, el sacerdote caudillo Miguel Hidalgo, pronunció las siguientes palabras antes de abandonar el recinto:

 “¡Adelante señores, vámonos. Ya se ha puesto el cascabel al gato; falta ver quiénes son los que sobramos!”.

 Don Mariano Abasolo, iba ya unido a las fuerzas independientes.

 Hidalgo toma el estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe

 En la tarde de este día, el improvisado Ejército Insurgente, con sus jefes a la cabeza, llegaron al Santuario de Atotonilco, de donde tomó el Sr. Hidalgo un lienzo con la imagen al óleo, de regulares dimensiones, de la Virgen de Guadalupe, para convertirla en bandera simbólica de la revolución libertaria.

 Llegan 5000 insurgentes a San Miguel el Grande

 Unos cinco mil insurgentes, al mando de Hidalgo y Allende, llegan a San Miguel el Grande. Por mandato del primero, Ignacio Aldama, preside el primer ayuntamiento del México independiente. Por su parte, Ignacio Allende, ordena encarcelar en el Colegio de San Francisco de Sales, a los españoles que estaban presos en Dolores y en San Miguel.

 Surgen las primeras dificultades entre Hidalgo y Allende

 Con motivo de los tumultuosos saqueos que cometieron las fuerzas independientes en San Miguel el Grande, dieron causa a que surgieran las primeras dificultades entre los caudillos Miguel Hidalgo e Ignacio Allende.

 El 17 de septiembre se forma la junta directiva en San Miguel el Grande

 Durante la estancia de los insurgentes en San Miguel el Grande, se formó la junta directiva con el objeto de nombrar autoridades y así poder lograr la tranquilidad de la población y fomentar asimismo el movimiento revolucionario.

 El Lic. Don Ignacio Aldama Rivadeneyra, como presidente; los señores Felipe González, Miguel Vallejo, Domingo de Unzaga, presbítero Castiblanque, Vicente Umarán y Benito Torres. El señor Aldama se encargó de los mandos políticos y militar; don Antonio Agatón de Lartiendo, como administrador de la aduana y del ramo de tabacos; don Francisco Rebelo, jefe de correos. Todos los herreros sanmigulenses se ocuparon en construir lanzas.

 El 18 septiembre, continuaban los tumultos en San Miguel el Grande

 Las multitudes insurgentes continuaban alimentando el escándalo que les favorecía y como Allende, que se encontraba en uno de los balcones de su casa, se daba cuenta del desorden, pidió su caballo, y espada en mano empezó a recorrer los puntos más tumultuosos, reprochando a los amotinados su conducta y cintareando a algunos. Logró reestablecer el orden y despejar las calles y las plazas.

 Españoles se refugian en la Alhóndiga

 El martes 18 de septiembre de 1810, el intendente Juan Antonio Riaño, representante del Rey en la intendencia de Guanajuato, es informado por un enviado de Francisco Iriarte – que llegó desde la hacienda de San Juan de los Llanos (cercana a San Felipe) – de la rebelión iniciada con un grito masivo de libertad por parte de los artesanos, campesinos, indígenas, curas y militares, luego de que repicaron las campanas; del apresamiento de europeos.

 La primera acción del Intendente Riaño fue ordenar el toque de generala. Para que las fuerzas de una guarnición se pusieran en armas.

 El pueblo en masa acude a la Plaza Mayor

 Una vez reunidos los grupos comenzaron los rumores, las especulaciones y la alarma. El intendente Riaño, parado en lo alto de una banqueta y rodeado de su guardia personal, comunicó a la población que el cura Hidalgo, se había sublevado días atrás con las gentes de aquella población y que se encaminaba hacia esta ciudad.

 Un grupo de españoles que le habían jurado apoyo incondicional a Riaño y al rey; que habían hecho su fortuna en corto tiempo a costa de la explotación de indígenas, obreros y campesinos, se dedicaron a concentrar su familia para huir.

 Más tarde se conformaron las patrullas de 40 hombres para vigilar las entradas de Santa Rosa, Villalpando y Marfil.

 Falsa alarma de la llegada de Hidalgo y la sospecha de Riaño

 El jueves 20 de septiembre, corrió el rumor –falso- de que el cura Hidalgo y su ejército estaban próximos a arribar a Guanajuato. Ante el pánico de la población, de la exigencia de los españoles por no verse sorprendidos, el intendente ordenó dar la voz de alarma para el segundo toque de la generala a la una de la madrugada. El intendente salió junto con la tropa con muy pocos vecinos a la Cañada de Marfil, para encontrarse con Hidalgo y sus seguidores

 ¡Cambio de estrategia!: españoles y riquezas a la Alhóndiga…

 La noche del 24 de septiembre, Riaño ordenó el traslado a la Alhóndiga de Granaditas de todos los caudales reales; los bienes preciosos y todo lo que consideraban los españoles que era de valor y que merecía estar a resguardo. La disposición del intendente fue también que los archivos municipales se trasladaran a la Alhóndiga.

  Se repliega Riaño en la Alhóndiga

 La mañana del día 25 fue sorpresa para los habitantes y los integrantes del Ayuntamiento, quienes por conducto del alférez real Fernando Pérez de Marañón, convocan una reunión urgente en las casas consistoriales, recinto oficial del Ayuntamiento para recibir una explicación de Riaño, sobre el imprevisto cambió de decisión. La respuesta del intendente Riaño fue la de aceptar la celebración de la reunión, pero pidió que esta se celebrará en el interior de la Alhóndiga de Granaditas.

 En la reunión lo primero que establece es que él tiene la obligación de cuidar el patrimonio real en principio, luego velar por la seguridad de las personas españolas radicadas en Guanajuato.

 Que “se defiendan como puedan”

 Riaño estaba decidido a resistir el ataque de los levantados en el interior de la Alhóndiga, donde resguardaba los bienes de la Corona y los bienes de los vecinos españoles, mientras que el pueblo a decir del propio intendente “que se defiendan como puedan”.

 Riaño ordenó que se trasladara a la Alhóndiga todos los insumos que eran regulados por las autoridades reales tales como pólvora y el azogue, igualmente se improvisaron en el interior de todos los comestibles que pudieron comprar en los comercios de la ciudad, y se concentraron varias fanegas de maíz, y se resguardó toda la semilla.

  El 18 de Septiembre de 1810.

Hidalgo es designado jefe del Ejército Insurgente

 Antes de emprender la marcha hacia el municipio de Celaya, Gto., el Ejército Insurgente decide poner como jefe al señor cura Miguel Hidalgo y Costilla.

 El 19 de septiembre, los Insurgentes salen de San Miguel el Grande

 Reunidos en frente de la casa de Ignacio Allende, el Primer Ejército Rebelde, sale de la ciudad. La vanguardia la componen dos mil indios a pie. Le siguen los rancheros a caballo. Miguel Hidalgo, vestido con sotana, e Ignacio Allende, con el uniforme de Capitán de Dragones.

 19 de Septiembre de 1810, el Ejército Insurgente pasa por Chamacuero, Guanajuato (hoy Comonfort)

 El Ejército Insurgente pasa por Chamacuero, Guanajuato (hoy Comonfort). La señora Manuela Taboada, esposa de Mariano Abasolo, facilitó al Sr. cura Hidalgo, la cantidad de 40 mil pesos, en calidad de préstamo para gastos que implicaba la revolución. Durante el gobierno del Gral. Porfirio Díaz, se pagó dicha cantidad a doña Ana Galván, descendiente de la familia Taboada.

 El 20 de septiembre de 1810, los insurgentes entran a Celaya

 Siendo las nueve de la mañana de un jueves, entran a la Villa de Celaya más de veinte mil insurrectos encabezados por don Miguel Hidalgo, que empuñaba el estandarte con la imagen de la Virgen de Guadalupe, rodeado de sus más cercanos colaboradores, y seguidos por la banda de música y cien dragones del regimiento de la Reina.

 Al terminar de entrar el contingente insurgente, se esparcieron por la ciudad y se dedicaron a saquear y robar en las casas y comercios de los españoles.

 El 21 de septiembre se extendieron grados en las tropas insurgentes

 En la Villa de Celaya, en la junta de militares insurgentes, se nombra a don Miguel Hidalgo y Costilla como Capitán general. A don Ignacio Allende y Unzaga, como Teniente General, y a Juan Aldama, como Mariscal. Con este hecho se inicia la auténtica reorganización militar del ejército de la libertad.

 El 22 de Septiembre de 1810 se nombran los grados del Ejército Insurgente

 El cura Miguel Hidalgo y Costilla, fue nombrado Capitán General del Ejercito Insurgente. Ignacio Allende, como Teniente General. Los señores Juan Aldama y Mariano Abasolo, son llamados capitanes y mariscales. Después de estos nombramientos se preparan para hacer la toma de la ciudad de Guanajuato, continuando por varias villas.

 23 de Septiembre de 1810, el ejército independiente al mando del cura Miguel Hidalgo y Costilla, salen a Salamanca

 De Celaya, después de misa, los insurgentes salen rumbo a occidente, con el sol a retaguardia. Luego de pasar por El Guaje, actual Villagrán, y El Molino de Sarabia, entran a Salamanca al atardecer. Ahí pernoctan.

 El 24 de septiembre, en Salamanca, se unen guerrilleros y lanzan proclama

 El ejército independiente al mando del cura Miguel Hidalgo y Costilla, ya Salamanca, fabricaron machetes y lanzas para armar al pueblo que engrosaba las filas libertarias. El Sr. Hidalgo, recibió numerosas visitas de los después famosos guerrilleros: Albino García, Andrés Delgado “El Giro”, Lucas Flores, Cleto Camacho, Andrés Tamayo y la heroína Tomasa Esteves y Salas, entre otros.

 En Salamanca, se aprehendieron a algunos españoles; se recogieron 40 mil pesos del Convento de Agustinos. En vista de que el gobierno comenzaba a atacar a la revolución por varios medios para desprestigiarla, antes de hacerlo militarmente, los jefes del levantamiento lanzan su primera proclama de Independencia.

El 24 de septiembre, Junta en el Salón Cabildos del Ayuntamiento

Se convocó a una junta en el Salón Cabildos del Ayuntamiento de San Miguel, donde Narciso de la Canal se rehusó a ocupar la presidencia. También en la junta se acordó expropiar los bienes de los españoles y no permitir su comercio)

El 25 de septiembre, los insurgentes llegan a la Congregación de Irapuato, donde permanece hasta el 27, antes de su arribo a Guanajuato

De la Villa de Salamanca los insurgentes caminaron cuatro leguas hasta la Congregación de Irapuato, donde estuvieron los días 26 y 27. Los habitantes no opusieron resistencia alguna, pues casi todos eran simpatizantes de la revolución, por ser de origen criollo, mestizo o indio. Aquí Hidalgo libera a un esclavo negro y levanta un acta de abolición de la esclavitud.

Los insurgentes fueron recibidos con las campanas de los templos repicando. La gente ofrece ramos de olivo y de flores. Se fabrican aquí los primeros cañones de la insurgencia, de madera y cinchados de fierro.

Por su inmejorable situación en el centro de la Nueva España, así como por la facilidad de las comunicaciones con múltiples lugares del país, Irapuato siempre estuvo reputado de magnifico centro de operaciones para uno y otro bando.

El 26 de Septiembre de 1810, tropas virreinales atacan por la noche la plaza de Apaseo El Grande

Las tropas virreinales atacan durante la noche la plaza de Apaseo el Grande en Guanajuato, con el fin de apresar al Teniente de Justicia, don Domingo Busce, quien fue acusado por un anónimo de complicidad con los insurgentes.

El 26 de Septiembre, Riaño informa a Calleja que los pueblos entregan voluntariamente a los insurgentes

En una comunicación, el Intendente de Guanajuato, Juan Antonio Riaño, decía a Félix María Calleja: “Los pueblos se entregaron voluntariamente a los insurgentes. Hiciéronlo ya en Dolores, San Miguel el Grande, Celaya, Salamanca, Irapuato, Silao esta pronto a verificarlo”.

El 27 de Septiembre, salen rumbo a la ciudad de Guanajuato

Por la madrugada, los insurgentes salen de la Congregación de Irapuato, con rumbo a la ciudad de Guanajuato. Pasaron por las haciendas de la Calera y Jaripitío (hoy Aldama), cuyos habitantes se sumaron casi en su totalidad a la insurrección.

Al medio día llegaron a la hacienda de beneficio, agrícola y ganadera de San José de Burras, también conocida por José de Llanos, donde el Ejército Insurgente se preparaba para entrar a la capital del Estado.

El 28 de Septiembre de 1810, excomulgan a los insurgentes Hidalgo, Allende, Aldama y Abasolo

El obispo de Guadalajara, Jalisco, Juan Cruz Ruiz de Cabañas y Crespo decreta las excomuniones de los insurgentes Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Juan Aldama y José Mariano Abasolo y de quienes los apoyaban, en la lucha por la libertad.

Llegan los insurgentes a Guanajuato

El 28 de Septiembre, insurgentes piden rendición del Intendente realista Riaño

Por la mañana llegaron los coroneles Mariano Abasolo e Ignacio Camargo, enviados por el cura don Miguel Hidalgo y Costilla, a la trinchera de los realistas que estaba ubicada en la Alhóndiga de Granaditas, para pedir la rendición del Intendente Juan Antonio Riaño, la cual fue denegada.

El insurgente Ignacio Camargo entra en la Alhóndiga de Granaditas y lee la carta

El teniente coronel de los insurgentes D. Ignacio Camargo entró con los ojos vendados a la Alhóndiga de Granaditas, ahí se encontraban resguardados los españoles, sus pertenencias y objetos de valor. El intendente Riaño mandó llamar a todos los extranjeros y a los oficiales de tropa que se encontraban en el interior de la Alhóndiga e hizo que el mensajero del cura Hidalgo leyera el correo en voz alta. Don Ignacio Camargo, seguro, extiende el papel y con su voz de enojo, fiel al momento, da la advertencia sin titubeos:

“Que el numeroso Ejército que comandaba Hidalgo lo había aclamado en los campos de Celaya Capitán General de América, y que aquella ciudad, con su Ayuntamiento, lo había reconocido por tal, y se hallaba autorizado bastantemente para proclamar la independencia que tenía meditada; porque siéndole para esto, obstáculos los europeos, le era indispensable recoger á cuantos existían en el reino, y confiscar sus bienes; y así, le prevenía se diese por arrestado con todos los que le acompañan, a quienes trataría con el mejor decoro, y de lo contrario entraría con su Ejército a viva fuerza, sufriendo el rigor de la guerra”.

La respuesta fue: “No hay que rendirse… vencer o morir”

Juan Antonio Riaño, quien, camina unos pasos acercándose al grupo de europeos y oficiales, respira profundo y alzando la voz, matiza su mensaje: “Señores, ya ustedes han oído lo que dice el cura Hidalgo; trae mucha gente, e ignoramos su número, como también si trae artillería, en cuyo caso es imposible defendernos… Yo no tengo temor ninguno, pues estoy pronto á perder la vida en compañía de ustedes; pero no quiero crean intento sacrificarlos a mis particulares ideas. Ustedes me dirán las suyas que estoy pronto a seguirlas”.

Después del profundo silencio, los ojos de los portadores de la negociación, Camargo y Riaño, clavan sus miradas en los primeros que comienzan a hablar: retador, se escucha el grito “No hay que rendirse. . .vencer o morir”, lo que despertó más gritos de apoyo. El intendente entendió el mensaje de los europeos presentes y, para concluir la sesión, expresó:

“No reconocemos otro capitán General que al Virrey D. Francisco Javier Venegas.”

Se preparan para la lucha

Poco antes de que el correo llegara ante su general, Hidalgo, Allende, Jiménez y el propio Abasolo y la muchedumbre vieron a lo lejos a un soldado realista colocar en la parte alta del palacio de maíz la bandera de guerra… un suspiro colectivo pareció esparcirse por doquier.

En el interior, el intendente Riaño colocó la tropa en las trincheras, y el resto con los europeos: parte en la plazoleta de la Alhóndiga, y parte en la azotea. También formó la caballería dentro de las trincheras, distribuyó las municiones, todos, hasta algunos sacerdotes, en espera del ataque.

En los cerros cercanos a la Alhóndiga los pobres ya estaban provistos de piedras y palos. Otros con lanza y machete y muy pocos con fusiles. A ellos se les unieron los mineros, motivados por D. Casimiro Chowell, quien se cree que estaba de antemano de acuerdo con Hidalgo.

Primeros ataques

Los realistas atacan a los insurgentes

Por algunas ventanillas de la Alhóndiga los españoles fueron los primeros en hacer fuego y, de inmediato, cayeron muertos tres indios. Y visto esto por el Ejército Insurgente se divide en dos trozos: hombres a pie y a caballo toman detrás de Pardo para subir al cerro de San Miguel, bajando los primeros por el punto que llaman el Venado, y los segundos por la calzada Las Carreras. El otro trozo de a pie tomó por detrás la Hacienda de Las Flores, para subir al Cerro del Cuarto.

El contraataque de los insurgentes fue una lluvia de piedras, tanto que a los pocos minutos los patios de la Alhóndiga formaron un tapiz que logró enorme desconcierto a su interior. La segunda acción de los insurgentes fue liberar a los presos de delitos menores y a más de 50 criminales, todos ellos corriendo hacia el edificio resguardado.

Un cabo de Celaya le da un disparo a Riaño

El intendente Juan Antonio Riaño ve que el centinela había abandonado su puesto y su fusil. Él lo toma y comienza a disparar. A lo lejos, sin que el intendente se diera cuenta, un cabo de Celaya le dispara, entrándole la bala en el ojo izquierdo, la misma bala descalabra a un cabo del batallón de Guanajuato que estaba a sus espaldas.

De inmediato los soldados que estaban a su alrededor recogieron su cadáver y lo colocaron en el cuarto número dos: allí, aferrado a su cuerpo, su hijo Gilberto Riaño lloró y tomó la pistola para matarse, pero los que lo acompañaban ofrecieron ponerlo en el frente para que se vengara y muriera con dignidad.

Muerto Riaño se cerró la Alhóndiga y los insurgentes con Hidalgo al frente intentaban por todos los medios posibles penetrar al edificio, haciendo barrenos o tratando de escalar.

Hidalgo hace un llamado a “El Pípila”

Durante el ataque a la Alhóndiga de Granaditas, el cura Hidalgo, se dirigió a un hombre de clase del pueblo con estas palabras:

 “Pípila”… La patria necesita de tu valor… ¿Te atreverías a prender fuego a la puerta de la Alhóndiga?…

 Juan José de los Reyes Martínez (el Pípila), cargó una losa en su espalda sujetada con una reata, tomó una antorcha encendida y se acercó a la puerta principal para incendiarla.

 Cercano El Pípila a la entrada, muchos españoles se gritan rendidos, unos más arrojan monedas a los atacantes; otros abandonan las armas.

 El desorden y la confusión se apoderó de los defensores, y alguien, a gatas, izó la bandera de la paz, pero el hecho no fue observado por algunos españoles que, lo mismo que Gilberto Riaño, seguían atacando, lo que enfureció a la masa que, al unísono, gritó: “traición, traición”, y se unieron al esfuerzo de El Pípila.

 Así más indios, sumaron a la puerta principal, acercando ocote y más brea… la puerta tardaría en convertirse en cenizas hora y media.

 Se consuma la toma de la Alhóndiga de Guanajuato

 Ya eran las cinco de la tarde, cuatro horas después de iniciar la batalla, los insurgentes ingresaron a la Alhóndiga de Granaditas encontraron de rodillas a soldados realistas, gachupines y sacerdotes, quienes pedían clemencia en medio de súplicas y lágrimas, atención que no fue atendida: se comenzó a matar a cuanto se encontraba. No hubo salida ni escapatoria. Muchos eran rematados con lanzas, otros ahorcados con hondas. Eran pisoteados y las ropas de los moribundos europeos eran desprendidas a tirones.

 Según los partes murieron ciento cinco españoles y un número similar de soldados del batallón. De los indios murieron muchos y fueron enterrados durante la noche pegado al rio. Al otro día se enterraron otros cincuenta hombres en la parroquia y unos más en San Sebastián. Cadáveres que quedaron alrededor de la Alhóndiga eran arrastrados hasta el camposanto de Belén.

 Mientras sepultaban a los caídos, a los alrededores de la Alhóndiga se generó una turba incansable que saqueó en las tiendas de ropa, haciendas de plata y el libertinaje prosiguió hasta la madruga de aquel sábado.

 Los primeros rayos del sol de ese 29 de septiembre, con un aire fresco y con olores irreconocibles, Guanajuato amaneció distinto: unas cuarenta tiendas ya no estaban. Los indios comían dulces, otros vendían valiosas piezas como baratijas. Miles y miles contaban su historia. Y, Apaciguado aquello el cura Hidalgo en su caballo negro y su catre en ancas se dirigió al cuartel de San Pedro, mientras que el cadáver del intendente Riaño estuvo dos días expuesto a la mofa de los vencedores.

 Por: @periodistafrg

Con asistencia de: @Historiadormx y @yessicarene

 Fuentes:

 Editorial Centenarios.

  • Calendario Histórico Guanajuatense: Erasto Cortés Juárez Armando de María y Campos.

  • Allende Primer Soldado de la Nación. Edit. Jus. 1964.

  • Historia Social y Económica de México 1521-1854: Agustín Cue Cánovas

  • La Ciudad de San Miguel de Allende en los Siglos XVI y XVII: Francisco de la Maza Antonio Barajas Becerra: Generalísimo don Ignacio Allende y Unzaga. 1969.

  • Cronología de la Independencia de México: Jaime del Arenal Fenochio.2010.

  • Antonio Barajas Becerra: Generalísimo don Ignacio Allende y Unzaga. 1969. Pág. 104.

  • Castillo Ledón. Hidalgo, el Héroe. 1949. Pág. 6: Calendario Histórico Guanajuatense: Erasto Cortés Juárez.

  • San Miguel de Allende; Luis Felipe Nieto Allende, Primer Soldado de la Nación; Armando de María y Campos.

  • San Miguel de Allende, Francisco de la Maza; Edit. Frente de Afirmación Hispanística A.C. Segunda Edición Corregida y Aumentada, México 1972

  • Efemérides Mexicanas. Noé Solchaga.

  • Monografías Dolores Hidalgo “Cuna de la Independencia Nacional”. José García Juárez.

  • Chamacuero, origen y destino. Na Zaphó-ccaxtli. Federico Groenewold.

  • Las raíces del Viento. Monografía, crónica e historia de Celaya. Herminio Martínez.

  • Monografías Apaseo el grande la primera frontera. José G. Buenrostro López.

  • Santa Fe y Real de Minas Guanajuato. Isauro Rionda Arreguín.

  • Ruta en Guanajuato de los Primeros Caudillos de la Independencia. Isauro Rionda Arreguín

  • La Ruta de Hidalgo. Herrejón Peredo, Carlos.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll to Top