Luego de las agotadoras comparecencias que realizó el Generalísimo don Ignacio Allende y Unzaga, el 18 de junio de 1811, el licenciado Rafael Bracho, rindió su dictamen del caso, expresando muchas frases y conceptos insultantes contra el caudillo insurgente, para fundar su petición de muerte.
En la Plaza de los Ejercicios de la ciudad de Chihuahua, un 26 de junio de 1811, el Generalísimo Ignacio Allende y Unzaga fue fusilado, junto con Juan Aldama, Mariano Jiménez y Manuel Santamaría, sus compañeros de infortunio, que también habían sido sacados de la capilla y quienes fueron ejecutados por el mismo crimen: El de querer hacer su patria independiente y libre.
Sus cuerpos fueron exhibidos públicamente por algunas horas, después les cercenaron las cabezas, para ser depositadas en unas cajas con sal y enviadas a Zacatecas, a donde llegaron a principios del mes de julio.


