Nació en Tlalchapa, Guerrero, el 4 de septiembre de 1854 y murió el 8 de octubre de 1911 en París, Francia. Fue abogado, crítico, editor, escritor, miembro de la Academia Mexicana de la Lengua y periodista católico y conservador radical.
A la edad de 12 años de edad fue enviado por sus padres a la capital del país para realizar sus estudios en el Ateneo Mexicano. En 1870 consiguió el título de profesor de instrucción primaria, expedido por el Ayuntamiento de México, lo cual le permitió impartir algunas cátedras en el mismo Ateneo. En 1877 ingresó a la Escuela Nacional de Jurisprudencia y se tituló en 1881.
Comenzó su carrera literaria en 1871, enviando sus ensayos a periódicos de la capital bajo el pseudónimo de José. Fue entonces cuando el escritor español Anselmo de la Portilla lo invitó a colaborar en La Iberia (1867-1876), en donde continuó publicando bajo el mismo pseudónimo. A partir de sus artículos, Agüeros imprimió su primer libro en 1874, Ensayos de José, dentro del folletín del mismo diario. Posteriormente, en 1877 publicó Cartas Literarias, con un prólogo de Anselmo de la Portilla y Dos leyendas, por José, el cual incluía una historia llamada “Leyenda de Navidad” y otra titulada “Páginas íntimas”.
Victoriano Agüeros también fue redactor literario en El Siglo Diez y Nueve, en el cual realizó artículos biográficos y una serie de leyendas con el nombre de “Confidencias y recuerdos”, en 1879. De igual manera, colaboró en revistas como El Universal y El Nacional.
Participó en La Ilustración Española y Americana, donde escribió, entre 1878 a 1880, una serie de estudios referentes a escritores mexicanos contemporáneos y su literatura, con el fin de darlos a conocer en el país. En 1880 reunió estos trabajos en un solo tomo que circuló por países como España, Alemania y Sudamérica bajo el nombre de Escritores mexicanos contemporáneos. En 1882 se hizo cargo de la dirección y redacción del periódico El Imparcial y, un año después, fundó El Tiempo (1883-1912), un diario católico, y El Tiempo Ilustrado.
Sostuvo comunicación con Enrique de Olavarría y Ferrari de 1893 a 1903, mediante cartas, en las cuales compartieron notas, aclaraciones de publicaciones y artículos relacionados a sus diarios u obras de la Biblioteca de autores mexicanos. De manera similar, Agüeros mantuvo correspondencia con Ricardo Palma de 1885 a 1905, aproximadamente. Ambos individuos contaban con ideas opuestas y una gran diferencia de edad que los separaba, empero coincidían en la “superioridad de la cultura” por lo que mantuvieron una atenta y constante correspondencia por más de 20 años. Entre los diversos temas que se recopilan en sus cartas privadas se encontraba el interés de Palma por conseguir libros mexicanos para completar su biblioteca, así como aconsejar a Agüeros para que publicará correctamente la Biblioteca de autores mexicanos y no de la forma “desorganizada” en la que se llevó a cabo la edición.3
Esta colección, compuesta por 78 volúmenes fue el trabajo más importante de Agüeros en su faceta de editor y la realizó de 1896 a 1911, con un total de 31 autores seleccionados bajo un estricto sesgo ideológico por parte de su editor, sin contar a los autores presentes en los seis volúmenes antológicos; en el volumen 8 incluyó una parte de su propia obra literaria, con los Artículos sueltos. Agüeros incluso vendió esta colección a escala internacional en países como España y algunas partes de Sudamérica.
Dentro de su prosa (biografías, estudios críticos y panoramas históricos), Victoriano Agüeros ofreció un punto de vista tradicionalista, desde su postura política, de las letras nacionales. Como editor, se tomó la libertad de excluir de sus publicaciones a los autores del bando contrario a sus ideas o que criticaban sus tesis literario-político-religiosas; además de “purgar” los artículos literarios de Altamirano por razones de religión y política.5 En 1910 viajó a Inglaterra en una misión oficial como delegado a la coronación del rey Jorge V. En el camino, Agüeros enfermó gravemente y murió en París, en 1911, mientras actos revolucionarios ocurrían en México.
Tomada de la Biblioteca Nacional de México UNAM.


